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LAS LLAVES DE SEFARAD

Aunque los judíos aplicaran a partir de la Edad Media el témino "Sefarad" como "AntiBabilonia", sacado de la única ocurrencia textual en Abdías 1:20, no a Sardes, ni al Bosphorus, ni al significado de "límite", ni de "oculto", como podrían hacer el Targum Jonatan y Juda al-Charisi, sino a la península occidental del Mediterráneo llamada Hispania mucho antes de la EM, en todo caso la arenga profética dice que "los desterrados poseerán las ciudades del Neguev", es decir, retornarán al sur del Jordán, pero no dice que "poseerán la Tierra", ni "poseerán España", y menos que le den este nombre como signo de propiedad perpetua de su descendencia. Aparte de que no siempre hay que hacer caso a los profetas, "Hispania" no es lo mismo que "Sepharad", ni "Sefarad" lo mismo que "España", como pretende el pansefardismo sionista tarbutero.

Oiga Ud., ¡señor Abraham Haim! Una anciana monjita de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, está a la puerta de este hotel de cuatro estrellas, hoy Palacio del Duero, donde está Ud. enredado con cámaras, focos y transmisión global en directo. Blande la antigua y última comendadora en Zamora, una llave herrumbrosa en la mano, diciendo que si dan Uds. su permiso, que si no sería más útil emplear el antiguo convento para atender a enfermos y desvalidos, como lo era desde el siglo XV, hasta que la conjuración judeo-masónica del golpista y ministro del reino, Méndes-Mendizábal, lo desamortizó, para beneficio de acaudalados, restaurado como local de fiestas y banquetes, estos días cobijo de propagandistas de Sion, reconquistadores de Sefarad, desalojadores de palestinos, muñidores de la crisis mundial y adelantados del imperio usa. Que digo yo que dice la susodicha hermana en román paladino que dejen de tocar las narices con llaves ferruginosas y genealogías racistas, alistándose con el Dios de los ejércitos israelitas exterminador de pueblos enemigos.

El "Reencuentro e historia de la Aljama de Zamora" de julio de 2013, en el otrora convento hospital, luego fábrica de electricidad, después de alcohol, y ahora hotel de cuatro estrellas, Palacio del Duero, edificado en proximidad con lo que fuera una parte de judería medieval sefardí, huele a victimismo ventajista, a proselitismo rancio reivindicativo, si no vengativo, a propaganda del sionismo imperialista.

El Duero baja embarrado de recomer las orillas desde que se asentaron atapuercos, celtas, astures, vacceos, lusitanos, romanos, cristianos, judíos, visigodos, moros, leoneses, castellanos, portugueses, gitanos, ingleses, franceses, masones, liberales, conservadores, pronazis, prosoviéticos, franquistas, transicionistas, y ahora caribeños, rebotados de África, América y Asia, con mezcla de sangre "india" e hispana de sefardíes y cristianos viejos católicos, que invocan la Virgen de Altagracia cerca de lo que fue judería nueva, en los alrededores de la Alhóndiga. Las aguas que lavaban pelambres y tenerías ya no mueven las aceñas del cabildo.

Es una lección de historia humana el que este "Reencuentro de la Aljama de Zamora" se dé en lo que fue convento de la Orden de San Juan de Jerusalén, originada el año 1048 por europeos reconquistadores de los requeteconquistados "santos lugares" cruzando espadas, bajo dominio de los califas fatimíes, suplantadores de los bizantinos cristianos romanos, suplantadores de los romanos cesáreos, suplantadores de los griegos alejandrinos, suplantadores de los judíos israelitas (suplantados intermitentemente por asirios, babilonios y persas), suplantadores por Josué, David y Abraham de los cananeos, suplantadores de amorritas, hicsos, hurritas, egipcios, que no surgieron por generación espontánea a orillas del Jordán, en un extremo del Mediterráneo. Y así hasta el australopithecus afarensis.

Venir ahora a Zamora con una supuesta llave de sinagoga arroñada y desaparecida del siglo XV, para ostentarla en un restaurado convento de monjas expulsadas por el susodicho judío católico masón en el siglo XIX, son ganas de enredar. Un gran pofesional de antigüedades en plaza, como buen judío y mejor cristiano, puede proporcionarles docenas de esas llaves, con sus cerraduras, y si le apuran les hace la puerta para la cueva árabe. Clavar en la pared de un exconvento una pancarta con la genealogía de judíos renegados, convertidos en falsos cristianos fermosellanos, injusticiados por la Inquisición de la que tomaron parte otros judíos convertidos en obispos y altos cargos de la corte y las finanzas, es de una sangrante inconsciencia. A su alcance por el módico precio de $13.5.

Una digna dama que llega a Zamora de Miami huida de la persecución en Cuba para gemir por "mi familia represaliada aquí en España hace cinco siglos", remontando genealogías al rastro seminal de la sangre de "mis 15 abuelas", desprende mucho tufo a victimismo tribal revanchista. Como vayamos todos a reclamar afrentas hechas a nuestros ancestros, va a ser un no vivir. A los nietos de las abuelas que se quedaron aquí nos acompleja y culpabiliza el sufrimiento de la señora Genie Milgrom, católica renegada, judía reconversa, olvidadiza para con las tropelías cometidas por los de "su familia sefardí" desde hace milenios.

O estamos contra todos todos los pogromos y todos los holocaustos de todos los signos, contra todos los edictos de expulsión, contra toda violación de la dignidad humana, venga de donde venga, y se ejerza contra quien se ejerza, en todo tiempo, lugar y situación, sin compromisos partidistas, o no nos vengan con lamentaciones compasivas solo con los de "la propia sangre", con complicidades exculpatorias de los criminales de la propia sangre durante milenios, o con la explotación del sufrimiento de generaciones anteriores, para hacer turismo de convenciones y eventos. Todo lo que es humano nos atañe a todos los humanos: los delitos y las injusticias, los logros y las virtudes de todos los hombres, judíos, moros, cristianos, creídos y descreídos, blancos, negros y cobrizos.

Tampoco será difícil encontrar en algún lugar del mundo, algún "Abraham Haim", condenado y no por la Inquisición, como delincuente, pero en quien no se reconocerá la sangre pura abrámica del Presidente de la Comisión General de la Comunidad de Sefardíes y las Comunidades Orientales de Jerusalén, aunque algún antepasado suyo más habrá, que merezca reconversión y reconvención. Ir de pregonero adalid de la reconquista de Sefarad, aprovechando la feliz tolerancia, o la debilidad identitaria y económica de "los habitantes de este país" sin nombre, cuando se ejerce un cargo en Jerusalén rodeada de millones de refugiados palestinos viviendo en chamizos, con la llave de su casa en la mano por el desalojo forzoso y sangriento efectuado por los judíos, es no tener decencia. Presumir de que "el poder del judaísmo es la cultura, no las armas", como hace el moratinos desatinos de Sefarad, escamotea cínicamente el poder del dinero judío para financiar las guerras del pasado y del presente, de tirios y troyanos, de Isabel la Católica y de Obama. Diagnosticar maniqueamente como malo todo lo cristiano, y como bueno todo lo judío en la historia y en la cultura, lleva a manipular los hechos y a enconar las voluntades. Pongamos que hay algunos elementos de veterotestamentarios en Cervantes, más allá de los habituales en el cristianismo, cosa bien difícil de determinar, y se puedan suponer como judaísmo aunque sea cogidos por los pelos cabalísticos. Hay miles de elementos cristianos eclesiales católicos en su obra y en su vida. Si no era cristiano sincero, era judío hipócrita, cobarde o interesado, cuando bien podía haberse quedado en cualquiera de los territorios en que arrumbó, y así medrar como judío sincero. Suponer que todos los judíos conversos eran falsos cristianos, sería extensible a todas las sociedades que en todas las partes del mundo en todas las épocas cambiaron de creencias y costumbres. No vale decir que los que se convierten a nuestra fe son sinceros voluntarios, y los que se convierten a otras fes son falsarios oprimidos.

La pertenencia genética tribal racial puede ser beneficiosa solo si no es dañina, sino enriquecedora también para otras pertenencias de grupo en una sociedad plural. El sentido identitario asociativo por razones genéticas raciales, e incluso la consanguineidad ideológica, crea complicidades y enemistades. Y en los judíos del "Reencuentro e historia de la Aljama de Zamora", además de en el almanzor de Sefarad, Abraham Haim, también en Abraham Gross, Carlos Zarur, Genie Milgrom, están patentes esos riesgos propios del sectarismo y racismo como preponderancia y privilegio de la propia raza sobre las demás. Lo que no parece poder decirse de Judith Cohen, por su mesurada exposición sobre la música de los conversos sefardíes en la raya con Portugal, como cultura asumible por todos.

La historia de una persona es la historia de todos los antepasados de la Tierra, paganos o creyentes, del Norte o del Sur, de Oriente o de Occidente. La familia de nacimiento predispone para la familia universal. La sangre no tiene color ideológico, no es ni judía, ni mora, ni cristiana, aunque el individuo tuviera ascendientes de una, de dos, o de las tres condiciones y de muchas más, todas a mucha honra. La genética, no puede utilizarse como recurso discriminatorio negativo, ni positivo. El vigor de la rama genealógica propia no puede ser excusa para podar las demás. Y esto vale para todas las confesiones identitarias. La sangre de cada uno, como la corriente del Duero, trae aportes de todas las tierras recorridas desde sus fuentes hasta el mar que es el morir. "Allí van los desvaríos a se acabar e consumir", remedando al caballero que luchó por Isabel de Castilla que había hecho valer su legitimidad en los lodazales de la sangradera, aguas arriba de la Aljama de los barrios bajos en Zamora, en los días de las cortes de Madrigal, antecedente del decreto de la Alhambra, el último decreto de expulsión de judíos en Europa, junto con el de Portugal y el Vaticano.

Eran otros tiempos, las dos facciones de entonces, cristianos y judíos, ya distanciados los musulmanes de esta ciudad antes fronteriza, no lograron convivir en paz, sino en escasas ocasiones. No volvamos a las andadas. Habrá que exponer claramente los hechos en su contexto, determinar las causas y las consecuencias para entonces y para ahora, valorar lo bueno y lo malo de cada grupo, por si lo hubiera, pero sin partidismos revanchistas ni empecinamientos, sin avasallar. Las llaves de Sefarad, como las de Palestina, son las de la igualdad de dignidad, derechos y deberes de todos los individuos y grupos, que abren al aprecio y a la crítica de convicciones, usos y costumbres con respeto a la convivencia.

Zamora 8 de julio de 2013.

Dr. Bernardo Alonso Alonso

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